11 de abril: Batalla Rivas


11 de abril: Batalla Rivas

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El 11 de abril de 1856 el presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, declaró la guerra a William Walker, un aventurero estadounidense que llegó a Nicaragua en 1855 y rápidamente tomó el poder.

Walker pretendía extender sus dominios a toda Centroamérica y convertirla en un imperio esclavista. Tras la Batalla de Santa Rosa, que se efectuó el 20 de marzo de 1856 ganada por los costarricenses, nuestro ejército siguió avanzando hacia Nicaragua.

En esta fecha los filibusteros y los costarricenses se enfrentaron en Rivas, Nicaragua. La batalla fue muy dura y, como resultado hubo muchísimos muertos y heridos entre nuestros compatriotas. De hecho, el único cañón que tenían los nacionales fue tomado por los invasores y empleado en su contra para matar a nuestros soldados.

En ese momento la opción que surgió como solución fue la quema del Mesón de Guerra, una casona en la que se habían instalado los filibusteros. Para esa labor se ofreció Juan Santamaría, humilde tambor alajuelense cuya acción fue de gran importancia para la victoria de los ticos.
Mujer en acción

Durante la batalla de Rivas se destacó una mujer llamada Francisca Carrasco, conocida como Pancha Carrasco. Ella tomó el fusil, ayudó a rescatar el cañón costarricense y sirvió al presidente Mora. Lo hizo porque sabía leer y escribir, algo que era poco frecuente entre las mujeres de la época. Primero colaboró como secretaria y después como mujer soldado en Rivas e, incluso, defendió al presidente cuando los filibusteros quisieron tomar como prisioneros a los nacionales. Por su valor, Carrasco recibió una medalla y cuando murió se le rindieron honores de general.
Consecuencias

Aunque Walker fue obligado a abandonar Rivas, continuó con sus intenciones de conquistar Centroamérica, para convertirla en un estado esclavista. Los ticos quisieron detenerlo pero tuvieron que regresar a Costa Rica porque fueron afectados por la enfermedad llamada cólera morbus. Entonces, Mora pidió ayuda a Guatemala y El Salvador, mientras Walker preparaba y ganaba unas elecciones presidenciales en Nicaragua. Superada la peste de cólera, los ticos volvieron a la lucha y obtuvieron la rendición filibustera en 1857.

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